Bienvenido
Ultima actualización: 28/Abril/2008
Bueno, ahora ire poniendo la fecha de lo ultimo que escribí por si quieren ver si he actualizado ^^, además decidi ponerla en capitulos q quiza despues se alarguen :3. Les agradecería mucho que opinaran aquí si les gusto, no les gusto, va muy rapido, le falta emocion xD, lo q sea ^^.
También puedes leer la historia en esta página:
Además puedes ver los dibujos que he hecho hasta el momento =)
~ Sueños tras el metal ~
Capítulo I
Veía su rostro reflejado en la orilla del lago: su piel pálida la cual no había visto el sol por varios años, sus labios ligeramente gruesos, sus ojos pequeños y cafés, todo cobijado por un cabello oscuro y despeinado. Acercó su mano al agua, la cual al tocarla produjo un ruido metálico.
La alarma despertó a Nadhel, abrió rápidamente los ojos y se encontró nuevamente en su apretada 'habitación', un cuadro de apenas el tamaño de su cuerpo. La luz de la diminuta pantalla frente a ella la deslumbró. Entrecerró los ojos y presionó el desteñido botón blanco como lo hacía diariamente. La compuerta se abrió por un costado y ella pudo lanzar un suspiro ya afuera. Miró su monótono traje gris, similar al de todos los chicos que se dirigían hacia el comedor.
Nadhel los siguió mientras recordaba su sueño, hacia tanto tiempo que no soñaba, no después de haber llegado a aquel lugar frío y sin vida. Intentó recordar su vida antes de la guerra, pero no lo logró, ella era muy pequeña entonces, ahora sólo estaba consciente de que había algo más fuera de los metálicos muros gracias a su corto sueño. Sonrió.
-Fue genial –dijo mientras se sentaba frente a otras dos chicas.
-¿Qué cosa? –los profundos ojos de Jewie se clavaron en los suyos.
-Mi sueño.. fue mágico... vi un lago y ¡el cielo!... fue genial –dijo finalmente.
Ann, una chica de cabello rojo oscuro y ondulado_ le sonrió:
-Jewie también soñó algo...
-Sí gracias Ann, planeaba contártelo cuando Nad no estuviera –las dos rieron.
-Oh vamos, cuéntame –suplicó Nadhel mirando el bello rostro de su amiga.
Jewie era un poco más joven que ella y Ann, su cabello lacio era café claro con algunas mechas amarillas, sus ojos eran increíblemente profundos y llenos de vida, bastante expresivos, de un café más oscuro que el de su cabello, pero su rasgo característico eran las dos delgadas y afelpadas orejas que se apretaban sobre su cabeza.
-Está bien... –contestó luego de unos instantes –pero prometan que no lo dirán a nadie, no quiero que ellos se enteren.
Ambas asintieron.
-Bien, fue hace algunos días que tuve el primer sueño, después de eso no lo dejo de soñar, finalmente hoy en la mañana comprendí lo que indicaba.
-¿De qué estas hablando? –dijo Nadhel sin comprender una palabra.
-De esto...
Colocó su mano sobre el metal de la mesa, luego comenzó a transformarla en una especie de pata, parecida a la de un zorro. Sus amigas se quedaron sin palabras, inmediatamente volvió a la normalidad y Jewie bajó la mano.
-Cuando desperté estaba así... más tarde lo volví a intentar, tal como en mi sueño... y funcionó.
-Lo... ¿los doctores saben de esto? –pregunto Nadhel aún sorprendida.
-¡No!, por supuesto que no, y no les pienso decir. –se cruzó de brazos.
-Pero...
-Nadhel, Jewie piensa interrumpir el tratamiento –dijo Ann.
-¿Qué?
-Es una burla lo que nos hacen Nad, radiación tras radiación y aún nadie mejora... si les digo esto comenzarán a hacer experimentos y no quiero terminar...
Ann le dio un codazo por debajo de la mesa.
-... no quiero terminar peor –disimuló una sonrisa.
En ese instante se acercó un chico alto, de pelo rubio oscuro, casi café, en su rostro se veía la huella de la radiación: su nariz y boca eran ligeramente parecidos a los de un cánido.
Su mano se posó sobre el hombro de Nadhel y ella volteó.
-¡Leo!
Ann y Jewie se miraron de reojo.
-Hola Nad –dijo el chico –sólo venía a saludarte, tengo que ir a terapia...
-Está bien –Nadhel sonrió y lanzó un beso al aire, el cual se posó sobre la mejilla de Leo.
-Nos vemos –el chico se alejó y se perdió entre las mesas.
Nadhel lo siguió con la mirada. Ann rompió el silencio:
-Vayamos por el almuerzo, estoy muerta de hambre –dijo mientras se levantaba.
Sus amigas la imitaron. Se dirigieron a una barra donde introdujeron una especie de credencial en un cubo metálico, después de unos segundos salió un plato sellado. Tomaron un cubierto y la credencial y regresaron a su lugar.
Jewie echo un vistazo a la masa azul que se encontraba en su recipiente:
-Odio la cosa azul... ¿porqué tengo que comer la cosa azul?
Ann sonrió y quitó la cubierta de su plato.
-Yo tengo que comer la 'cosa' café –rió.
-Al menos sabe mejor que la azul... –miró a Nadhel – Nad es la que tiene mejor suerte, al menos eso sabe a comida.
-¿Bromeas verdad?
-Lo sé, sabe a comida vieja, pero por lo menos no sabe a medicinas... –miró nuevamente su plato.
-Jewie, ya deja de quejarte y come –la cortó Ann sonriendo.
Jewie hizo una mueca resignada.
Después de comer se dirigieron al gimnasio, un enorme espacio con diversos artefactos.
De cualquier manera no había mucho que hacer ahí, sólo esperar a que la temible guerra llegara a su fin. Había empezado varios años atrás, y a los niños los habían refugiado en aquel internado, cuidados en su mayoría por máquinas. Desde entonces no se les permitía salir en absoluto y no se les mencionaba nada que tuviera que ver con el mundo exterior, incluso algunos no sabían que existía algo más allá de las paredes metálicas. Todo había marchado 'bien' hasta que varios de los infantes comenzaron a desarrollar extrañas características. Los científicos fueron llamados a investigar y desde entonces los sometían a diversos experimentos sin resultado alguno. A los demás los analizaban cuando dormían en las apretadas cámaras y registraban toda la información en credenciales. Su vida era rutinaria y las únicas distracciones eran aquel gimnasio y las expediciones a lugares prohibidos para ellos, pero esa restricción era lo que los motivaba a llevarlas a cabo.
Nadhel se sentó jadeando después de haber corrido varios kilómetros alrededor de las máquinas.
-No aguantas nada Nad –dijo Jewie acercándose a ella.
Nadhel sonrió y se levantó para continuar, Jewie la siguió. De repente pasando cerca de uno de los pasillos Jewie perdió de vista a Nadhel, se había escapado por un momento para ir a la zona de tratamiento.
Numerosas personas con bata blanca pasaban frente a los ojos de Nadhel, ella permanecía oculta tras una puerta. Permaneció así varios minutos hasta que el movimiento cesó y el pasillo se encontró desierto. Nadhel lo atravesó hasta llegar a una especie de computador y tecleó un nombre, inmediatamente aparecieron varios números y letras. Nadhel los memorizó rápidamente y volvió a la pantalla inicial. Estaba a punto de marcharse cuando alguien la tomó del hombro. Ella volteó asustada pensando que la habían descubierto, pero se tranquilizó al ver el rostro de sus amigas.
-¿Qué hacen aquí?
-Mejor dicho ¿qué haces tú aquí? –le dijo Ann un poco molesta.
-Eh... nada...
-Chicas, discutamos en otro lado, este lugar me da escalofríos –dijo Jewie mirando a los lados.
Ann tomó de la mano a Nadhel y la llevó de vuelta por el pasillo, pero ella se apartó y atravesó la enorme puerta blanca que llevaba hasta los cuartos de tratamiento. Buscó con la mirada los caracteres que había memorizado por encima de las miles de puertas. Finalmente llegó al lugar indicado y entró. Su rostro mostró una enorme confusión al encontrarlo vacío. Se acercó al implacable lecho sin darle crédito a lo que sus ojos veían: Leo no se encontraba allí. Se sentó y cerró los ojos, unas cuantas lágrimas se escaparon de ellos.
Ann entró por la misma puerta y se acercó a ella abrazándola.
- Nad...
-¡No está! ¡No está Ann!
-Quizá lo trasladaron.
-¡No! ¡No! ¡Él siempre está aquí!
-Nad... Nad, tengo que decirte algo... creo que es tiempo.
Nadhel secó su rostro.
-No, dímelo después, tengo que encontrarlo.
-Espera...
-¿Para qué? –su voz se tornó molesta.
-Nad, él... él no está aquí.
-¿Qué quieres decir?
-Nad... yo... ¿no lo recuerdas verdad?
Nadhel sacudió su cabeza.
-Ann ¿de qué me estás hablando?
-Tienes que recordarlo, no puedes seguir así.
-Recordar qué... en verdad, esto me está molestando–desvió su mirada.
-No sigas Nad, sé que no quieres recordarlo pero...
-Tengo que ir a buscarlo
Nadhel se levantó, pero Ann le tomó la mano.
-Nadhel, tienes que entenderlo.
-¡No sé de qué me hablas! ¡¿por qué le das tantas vueltas?! ¡dímelo ya!
Ann vaciló y cerró los ojos, luego se puso seria; tenía que hacerlo, por ella.
-Nadhel, él murió, no está aquí, ya no lo busques más.
-No... no –Nadhel meneaba la cabeza - ¿por qué mientes? ¿por qué me haces esto? Yo lo vi en la mañana Ann, ¡ tú estabas ahí!
-No es verdad, no lo viste, hablas y besas al aire...
-¡Cállate! –Nadhel rompió en llanto, Ann se levantó y la abrazó.
-Déjalo ir Nad.
-No puedo, simplemente no puedo... –su voz se quebró y se volvió un susurro –Lo extraño demasiado ¿por qué tuvo que suceder? ¿por qué a él?... fue mi culpa ¿verdad?
-No, no fue tu culpa
-Sí, ¡fue mi culpa!... ¡yo le dije que lo hiciera! ¡que se sometiera a la terapia!
-No Nad, él tenía que hacerlo, le hubieras dicho o no... sólo que no resistió.
Nadhel continuó llorando en los hombros de su amiga, hacia ya un par de meses que voluntariamente había borrado de su mente aquel hecho, prefería vivir en engañada y continuar viéndolo aunque él no estuviera ya ahí, lo quería tanto, su primer amigo, él que la protegió y guió en aquel lugar desconocido para ella.
Una vez calmada Ann la llevó de vuelta al comedor, ahí Jewie las esperaba. Nadhel se sentó con la mirada perdida, parecía haber entrado en una especie de trance, su mente no podía asimilar lo que acababa de ocurrir.
-¿Está bien? –preguntó Jewie confundida.
Ann le susurró algo al oído y Jewie inmediatamente mostró preocupación.
-¿Y ahora? ¿crees que se recupere?
-Tal vez ya es hora Jewie –le comentó.
-Pero... ella aún no sabe...
-Tal vez sea mejor así, nosotras la llevaremos... no creo que nos cuestione.
Ambas miraron a Nadhel que seguía desempolvando recuerdos. Ann le hizo una señal a su amiga para que la dejaran y fueran por la comida. Esta vez el extraño cubo les proporcionó, además de la masa de color, una especie de barra deshidratada.
-¿Quieres comer un poco Nad? –le dijo Jewie cuando regresaron a la mesa.
Nadhel por respuesta sumió su cabeza entre los brazos.
-Deja que se tranquilice –dijo Ann mientras llevaba la barra a su boca.
-Ann... no... no estoy muy segura de lo que vamos a hacer
-Yo tampoco, pero quizá sea lo mejor... para todas... no hay mucho futuro en este lugar.
Jewie miró a Nadhel, parecía dormitar. Luego volvió la mirada hacia Ann.
-Si... tal vez es lo mejor...
Jewie se sumió en sus pensamientos, la idea de escapar de aquel lugar era tentadora, pero no del todo, no sabían lo que les esperaría afuera, quizá ni siquiera podrían escapar. Decidió dejar de lado sus preocupaciones y concentrase en lo planeado.
Capítulo II
Al sonar el enorme reloj, que indicaba el fin del día, las tres amigas se ocultaron entre las sombras cerca de los 'dormitorios'. Nadhel continuaba ensimismada, parecía haber abandonado su cuerpo. Jewie la sostenía en pie mientras Ann calculaba el momento oportuno para llevar a cabo su fuga.
Después de algunos minutos el lugar quedo vacío.
-Vamos –ordenó Ann en voz baja.
Jewie la siguió llevando a Nadhel de la mano.
Caminaron por largos y oscuros pasillos y se detuvieron frente a la puerta angosta de una bodega. Ann acomodó algunas cajas y trepó hasta alcanzar una rejilla. Jewie ayudó a Nadhel a subir y Ann la jaló desde arriba. Pronto las tres se encontraron en un cuarto bastante oscuro, sentían una ráfaga de viento sobre sus rostros y el ruido de enormes engranes las aturdió.
-Creo que es aquí –dijo Ann a grandes gritos para que Jewie la escuchara.
-¿Y ahora?
-Busquemos el origen de la corriente.
Ambas recorrieron el lugar, Nadhel se encontraba de pie al lado de la rejilla.
-¡Aquí! –gritó Jewie mientras se cubría el rostro debido a la gran fuerza de la ráfaga. Ann se acercó. -¿cómo la cruzamos?
-Déjame ver
Ann se acercó con gran trabajo al cuadro y palpó las esquinas.
-Ayúdame –dijo cuando sus manos hallaron una palanca en el interior.
Las dos jalaron la enorme palanca y al instante la corriente cesó. Luego Ann registró el interior, el fondo estaba sellado por la compuerta que la palanca había accionado.
-Demonios... –murmuró Ann – al parecer tendremos que encontrar otra... –entonces sus ojos cafés brillaron: había encontrado una especie de entrada secreta, pues a simple vista parecía ser parte de las láminas que formaban el cuadro, pero en esta Ann notó una pequeña bisagra.
-Trae a Nadhel, Jewie. –dijo mientras acariciaba el fino contorno de la puerta.
Comenzó a presionar el lado contrario a la bisagra, pero la puerta no se abría, buscó algún alambre para intentar jalarla, pero tampoco funcionó. Jewie llegó con Nadhel.
-¿Qué pasa? –preguntó Jewie al ver la cara de preocupación de Ann.
-No sé como abrirla, esta muy bien sellada.
En ese instante los ojos de Nadhel se hicieron más grandes y los fijó en la supuesta puerta, levantó su mano acariciando el aire.
-Leo... –murmuró.
El chico estaba sonriendo frente a ella.
-Mira Nad –le dijo mientras señalaba la bisagra –lo descubrí hace un par de días.
Entonces Nadhel colocó su mano en la bisagra y empujó levemente, ésta se abrió al instante.
-¡Nad! ¡la abriste! –gritó Jewie triunfante.
De repente el rostro de Nadhel volvió a la normalidad, sacudió su cabeza y acarició sus ojos, parecía haber salido de un sueño.
-¿Qué... qué pasó?... ¿dónde está Leo?
-¿Leo? Oh Nad... olvidaste todo...
-¿De qué me hablas Ann?... Leo se encontraba aquí, hace un instante...
-No Nad, lo imaginaste... estabas en una especie de trance.
-Estás loca... estaba aquí.
Ann la abrazó, entonces comprendió que su amiga jamás lo admitiría, pasaría el resto de su vida negando el terrible hecho.
-Vamos Nad, tenemos que irnos –dijo Ann.
Jewie avanzó primero por el estrecho túnel que acababan de abrir. Luego Nadhel un poco confundida aún, ¿iban a escapar?, sin embargo no dijo nada. Ann las siguió después de cerrar nuevamente la entrada.
Caminaban en fila por un largo pasillo oscuro, Ann sacó una pequeñísima lámpara del bolsillo de su pantalón que apenas alumbraba.
-¿A dónde creen que lleve esto? –preguntó Jewie.
-Ni idea, pero tenemos que descubrirlo... –contestó Ann decididamente.
Avanzaron por el conducto metálico por alrededor de media hora, parecía no tener fin y comenzaron a desesperarse.
-¿Y qué si estamos dando vueltas en círculos?
-No Jewie, vamos bien, tú continua –le decía Ann.
-Pero esto parece interminable...
-Tú solo sigue.
Ann estaba bastante decidida a salir de ahí, aunque el camino le parecía ya bastante largo como para lo que había calculado. En ese momento Jewie tropezó con algo y un eco metálico resonó en las paredes.
-¿Qué es esto? –preguntó un poco adolorida por el golpe.
Ann alumbró un cubo metálico, en la parte de arriba tenía una entrada. Trepó y alumbró el interior, pero no logró ver su profundidad. Estaba apunto de saltar dentro cuando Nadhel la detuvo.
-¿Estás loca? No sabemos que hay dentro.
-Seguramente solo es un doblez del camino Nad, tranquila.
-Pero puede ser profundo, podrías lastimarte.
Ann lo pensó un instante, luego arrojó la pequeña lámpara al interior, la cual se atoró en la esquina y alumbró otro pasillo a dos metros de profundidad.
-Ven, no es profundo, vamos.
Ann se arrojó al interior mientras sus amigas observaban desde arriba. Ann cayó juntó a la lámpara pero al instante se deslizó por el pasillo que habían visto: estaba en declive.
-¡Ann! –gritó Jewie y saltó dentro.
-¡Jewie no!
Nadhel vio a su amiga deslizarse también y dudo un momento antes de ir tras ella.
Intentaba sostenerse de las paredes pero le era imposible frenar, se deslizaba a una gran velocidad por el conducto metálico, aunque solo veía oscuridad. El conducto se estrechaba cada vez más de los lados y sus manos ya no soportaban más la fricción, se encogió y se dejó llevar. Entonces dejó salir un fuerte gemido al sentir un terrible dolor en su brazo, apretó los dientes contra sus labios, cuanto deseaba que esto terminara.
Nad", la voz de su amigo le llegó como un susurro. Abrió los ojos, se encontraba en el internado y Leo le sonreía. Estaba sentada en un rincón del gran gimnasio, por alguna razón se sentía adolorida, miró a su amigo un poco confundida. "Nad, te dormiste", le decía el chico al oído, pero ella lo sentía tan lejano que se acercó un poco más. Estaba a punto de acariciar su rostro cuando su imagen, su recuerdo, se alejó velozmente de ella, se perdió en un torbellino de oscuridad. Entonces se encontró en la blanca sala de tratamientos, frente a una caja de cristal, dentro de la cual el apacible rostro de Leo descansaba, al fin.
Una lágrima se deslizó apresuradamente por la mejilla de Nadhel, seguida de otras más. Intentaba respirar, pero un fuerte nudo en la garganta se lo impedía, entonces deseó con todas sus fuerzas estar junto a él, dormir y nuca despertar.
-¡Nad! ¡Despierta!
Al abrir los ojos encontró a Ann sacudiéndola, entonces la cortada en su brazo le punzó como cuchillo. Se quejó débilmente mientras con sus adoloridas manos procuraba limpiar las lágrimas.
-¡Nad, estás bien! –gritó Jewie al percibir que su amiga reaccionaba.
Nadhel llevó su mano al brazo y limpió el hilo de sangre que escurría.
-¿Estás bien Nad? –preguntó Ann al ver la sangre.
Nadhel asintió mientras intentaba incorporarse. Luego volvió la mirada al pasillo por el cual había caído.
-¿Dónde estamos?
-Al parecer era otro conducto de aire, pero ahora está abandonado –Ann señaló la entrada del pasillo que era bastante estrecha –la lámina se despegó, tras ella solo hay tierra, es un túnel subterráneo. Más adelante está encharcado, Jewie y yo preferimos esperar a que despertaras.
Nadhel pasó la mano por su frente, había tenido una horrible pesadilla, se estremeció y decidió apartarla de su mente. Comenzó a caminar a tientas, pues la lámpara de Ann no alumbraba demasiado, pero en ese instante su amiga la detuvo. Tomó su brazo e improvisó una venda con un trozo de su playera gris. Cuando Ann hubo terminado le sonrió.
-¿Crees que se infecte? –pregunto Nadhel un tanto preocupada.
-No creo, la comida tiene varios medicamentos para evitar infecciones, estarás bien.
Las tres avanzaron por el largo pasillo que aún se extendía ante ellas. Al principio procuraban esquivar los charcos de lodo, pero más tarde les resultó tedioso e ignoraron el agua en sus zapatos.
Después de un cuarto de hora notaron que el camino iba nuevamente en declive pues los charcos eran más profundos y el deterioro se anunciaba en las numerosas goteras.
Jewie estaba a punto de expresar su cansancio cuando vieron frente a ellas un hilillo de luz que llegaba desde la superficie.
Miraron hacia arriba para encontrarse con una larga escalera incrustada en la pared. Jewie resopló, estaba agotada, sin embargo sus amigas la animaron a subir. Era difícil hacerlo pues el metal de la escalera tenía gotas de agua con moho y esto la hacía resbalosa.
Ann fue la primera en llegar hasta arriba donde había una lámina corroída; la alzó con cierta facilidad aunque parecía tener piedras en las esquinas, posiblemente para evitar que el aire la quitara. Al colocarla a un lado de la abertura cayó una gran nube de tierra seca y las tres tuvieron que cerrar los ojos antes de ser deslumbradas por la enceguecedora luz del medio día.
Ann salió del conducto cubriéndose el rostro, sus ojos lagrimeaban y le dolían al intentar abrirlos.
-No puedo ver –dijo Nadhel que era la próxima en salir.
-Ni yo... –dijo Jewie en voz baja, apenas trepando los últimos peldaños -¿Dónde estás Ann?
-Aquí... –Ann entreabrió los ojos para ayudarla salir.
-La luz es demasiado fuerte –comentó Nadhel sentándose en la tierra para cubrir su cara con piernas y manos.
-¿Qué hacemos? –preguntó Jewie restregándose los ojos, sentía aún la tierra dentro de ellos.
-No hagas eso Jew, te vas a lastimar –dijo Ann que apenas veía.
-Ya sé... –hizo una mueca –¿dónde estamos?
Ann buscó a su alrededor el internado, pero sólo alcanzaba a ver murallas de tierra, se encontraban en una especie de cráter.
-No lo sé –dijo al fin.
Nadhel levantó ligeramente la vista, sus ojos apenas se acostumbraban.
-Que lugar tan horrible –musitó.
Ann caminaba alrededor pateando trozos de tierra comprimida.
-Subamos –dijo al fin.
Caminó apresuradamente hacia la parte menos honda del cráter, Nadhel y Jewie la siguieron a paso lento intercambiando algunas palabras.
Ann llegó a la pared de tierra y clavando sus delgadas pero fuertes manos en ella comenzó a escalar la pendiente.
Al principio no les costo mucho trabajo pues había rocas donde apoyarse, pero el último tramo se hizo bastante difícil debido que la tierra suelta las hacía retroceder más de lo que habían avanzado.
-¡Esto es imposible! –exclamó Nadhel, ahora le dolía nuevamente la herida y sus manos ya tenían numerosos raspones.
-No te rindas Nad, vamos –le dijo Ann que intentaba tomar más impulso, pero volvía al mismo lugar una y otra vez.
-No puede ser Ann... jamás subiremos esta cosa –Jewie se tumbó en la tierra procurando tomar aire.
-Lo sé chicas, sé que es difícil, pero tenemos que hacerlo, no podemos quedarnos aquí mucho tiempo...
Después de algunos intentos más decidieron descansar un poco, estaban frustradas: no veían la forma de salir de allí.
Capítulo III
Editando...
Capítulo IV
Editando...
Capítulo V
Editando...
Capítulo VI
Escribiendo...
Mapa
Visita...
Afiliados
Awards
Mis links
Linkeame! // Contador
NEOPETS, characters, logos, names and all related indicia
are trademarks of Neopets, Inc., © 1999-2008.
® denotes Reg. US Pat. & TM Office.
All rights reserved.
PRIVACY POLICY | Safety Tips | Contact Us | About Us | Press Kit
Use of this site signifies your acceptance of the Terms and Conditions