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Esa mañana espero largo rato la llegada de su padre, mientras jugueteaba con la nieve de la entrada de la cueva.
Cuando alzó la mirada vio una linda mariposa que revoloteaba arriba de ella, y se maravilló ante sus colores
naranja y amarillo contorneados por finas líneas negras. Luego la mariposa se alejó y ella llena de curiosidad
la siguió hasta que se elevó y desapareció en la lejanía.
Finalmente llegó su padre con algunos regalos, pero ella seguía sumida en sus ideas. Durante la noche no pudo
conciliar el sueño ya que la idea cada ves más fuerte se iba convirtiendo en obsesión. Logró conciliar el sueño
ya casi hasta la madrugada, cuando decidió definitivamente ponerle fin a esa fantasía llevándola a cabo, estaba
totalmente decidida a escaparse al día siguiente, tan pronto su padre se marchará. Así que durante la mañana
tomó su pequeña mochila que él le había regalado y en ella colocó algunas cosas que creyó le serían útiles como
comida, una mantita rosa, una linterna y una soga, no sabía que más llevar así que decididamente salió y
emprendió su viaje. El paisaje se veía hermoso, aunque a ella no le pareciera así. Caminaba distraída en sus
pensamientos cuando una vocecita la llamó:
-Si nos sujetamos de la cuerda y nos columpiamos hacia el otro extremo del camino lograremos cruzar – le explicó
Nyelle a Alex.
Nyelle lo llamó y le explicó que le ayudaría a salir de ahí. Buscó su cuerda, pero al instante recordó que la habían dejado en la grieta, así que intentó pensar en otra forma de sacar al neopet de ahí, en ese instante llegó corriendo Alex y vio al pequeño bori atrapado. Ambos discutieron un rato sobre qué podrían hacer. Al fin Alex sugirió que buscaran una rama o un tronco largo y lo usaran como cuerda. Nyelle estuvo de acuerdo y corrió a buscarla al igual que Alex. Después de probar con varias ramas, encontraron una resistente y lo suficientemente larga como para que el bori pudiera tomarla. Cuando estuvo bien sujetado a ella, Nyelle y Alex tiraron con todas sus fuerzas hasta que el bori estuvo fuera del agujero.
Ésta era de madera y una pequeña chimenea asomaba por encima del techo. Al entrar sintieron un calor reconfortante, también pudieron observar unas cuantas sillas de paja, un sofá verde oscuro, una pequeña mesa con papeles, libros y un extraño mapa viejo y polvoriento. Hasta el fondo una pequeña cama, también de paja, con unas mantas cafés encima.










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